Arraigados en Cristo: El Fundamento de una Fe Firme
Queridos hermanos y hermanas en Cristo, es un inmenso privilegio compartir con ustedes un mensaje que se ancla en el corazón mismo de nuestra fe. En el Instituto Bíblico, siempre buscamos profundizar en la Palabra de Dios para que no solo la conozcamos, sino que la vivamos. Hoy, quiero que reflexionemos juntos sobre un pasaje que nos ofrece un mapa claro para una vida cristiana sólida y fructífera: Colosenses 2:6-7.
Dice la Palabra de Dios, según la versión LBLA: «Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en Él; 7firmemente arraigados y edificados en Él y confirmados en vuestra fe, tal como fuisteis instruidos, rebosando de gratitud.»
Andar en Él: Una Conexión Continua
La primera parte de nuestro texto es una verdad sencilla, pero poderosa: «de la manera que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en Él.» Pensemos por un momento en ese día, o ese proceso, en el que entregamos nuestras vidas a Jesús. Fue un acto de fe, de reconocimiento de Su señorío, de aceptación de Su gracia. Pablo nos dice que ese mismo principio de dependencia y obediencia que nos llevó a Él, debe ser el motor de nuestro caminar diario.
Andar en Cristo no es un evento aislado, sino una relación constante. Es vivir cada día conscientes de Su presencia, buscando Su voluntad y permitiendo que Su carácter se forme en nosotros. Es un llamado a la coherencia: lo que somos en la oración, debemos serlo en el trabajo; lo que confesamos creer, debemos vivirlo en nuestras acciones. Es un camino de discipulado activo, donde cada paso está marcado por nuestra unión con Él.
Arraigados y Edificados: Profundidad y Crecimiento
Aquí la Escritura utiliza dos imágenes maravillosas y muy descriptivas: «firmemente arraigados y edificados en Él.»
Primero, «arraigados». Pensemos en un árbol majestuoso. Su altura y belleza dependen directamente de la profundidad de sus raíces. Esas raíces lo anclan, le dan estabilidad frente a las tormentas y extraen el sustento vital del suelo. De la misma manera, nuestra vida espiritual necesita raíces profundas en Cristo. Él es nuestra fuente de vida, de nutrición, de estabilidad. Cuando las pruebas de la vida, las dudas o las tentaciones nos golpean, son esas raíces invisibles, nuestra comunión íntima con Jesús, las que nos mantienen firmes. Sin raíces profundas en Él, nuestra fe será superficial y vulnerable a cualquier viento de doctrina o circunstancia difícil.
Luego, «edificados». Esta imagen nos lleva a la construcción de un edificio. Nadie construye una casa sobre arena, sino sobre una base sólida. El apóstol Pablo lo afirma claramente en 1 Corintios 3:11 (LBLA): «Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo.» Sobre este fundamento inquebrantable, somos edificados. Esto implica un crecimiento continuo, un desarrollo de nuestro carácter cristiano, la adquisición de conocimiento bíblico y la maduración en nuestra fe. No somos llamados a permanecer estáticos, sino a crecer y a ser cada vez más como Él, añadiendo a nuestra vida virtudes y entendimiento.
Confirmados en la Fe: La Importancia de la Instrucción
La tercera clave es «y confirmados en vuestra fe, tal como fuisteis instruidos.» La fe no es una emoción pasajera; es una convicción basada en la verdad de Dios. Ser «confirmados» significa tener una fe robusta, probada y fortalecida a través del conocimiento. La instrucción bíblica es vital. Un entendimiento claro de quién es Dios, qué ha hecho por nosotros y cuáles son Sus propósitos, cimenta nuestra fe. Por eso, en el Instituto Bíblico, valoramos tanto el estudio diligente de las Escrituras. Es a través de la Palabra que nuestra fe se aclara, se corrige y se reafirma, permitiéndonos discernir la verdad de la mentira y mantenernos firmes en un mundo lleno de voces.
Rebosando de Gratitud: La Fruta de una Vida Arraigada
Finalmente, el resultado de todo esto es una vida «rebosando de gratitud.» Una persona que anda en Cristo, arraigada y edificada en Él, y con una fe confirmada, inevitablemente vivirá con un corazón lleno de agradecimiento. La gratitud es el termómetro de una vida espiritual sana. Reconocemos la gracia inmerecida, el amor eterno y la fidelidad constante de Dios. Esta gratitud nos impulsa a adorar, a servir y a compartir las buenas nuevas con otros. Es la evidencia de que hemos comprendido la magnitud de lo que hemos recibido en Cristo.
Un Llamado a la Reflexión
Querido hermano, querida hermana, la invitación de hoy es a examinar la profundidad de nuestras raíces. ¿Estamos realmente arraigados en Cristo, o nuestras raíces son superficiales? ¿Estamos siendo edificados sobre el fundamento correcto, creciendo en el conocimiento y la gracia? ¿Nuestra fe está siendo confirmada por la sana doctrina? Y, ¿es la gratitud la característica principal de nuestra vida?
Volvamos siempre a Cristo, la Roca inquebrantable, nuestro fundamento eterno. Él es quien nos sostiene, nos nutre y nos permite crecer para la gloria de Dios. ¡Que nuestras vidas sean un testimonio vibrante de un arraigo profundo en Él!